viernes, 27 de septiembre de 2013

EL SUEÑO AMERICANO HA MUERTO (or The american dream is dead)



                      


La esencia del sueño americano está en jaque; ese sueño se definía -simplemente- en que cada generación gozara de una mejor situación económica que la anterior.  Pero según nuevos datos del censo de Estados Unidos,  para la gran mayoría de estadounidenses hubo cero progreso económico en los últimos 25 años,  o sea,  TODA-UNA-GENERACIÓN.  El hogar promedio típico, obtuvo ingresos de poco más de 51 mil dólares anuales,  casi lo mismo que hace 25 años (!)

Todos los políticos,  incluidos Barack Obama  y  sus antecesores,  siempre afirman que son los campeones de esa clase media,  el supuesto bastión económico  y  social de Estados Unidos.  Sin embargo,  todos esos políticos han promovido políticas que continúan  destruyendo  ese  bastión.

La semana pasada,  el país marcó el quinto aniversario de la peor crisis económica desde la gran depresión,  y  Obama defendió el rescate federal de Wall Street  y  de la industria automotriz,  como partes fundamentales de su estrategia  ‘exitosa’  para  “estabilizar” la economía  y  generar crecimiento  y  empleo.  Y,  aunque reconoció la gran desigualdad económica que persiste en este país,  rehusó asumir su responsabilidad por haberla acelerado.  De hecho,  deseaba premiar a su asesor económico favorito,  Lawrence Summers,  con el puesto de presidente de la Reserva Federal,  al afirmar que su  “sabiduría”  y  “liderazgo”  ayudaron a rescatar la economía de la crisis.  Summers tuvo que retirar su candidatura ante una creciente ola de repudio en su contra,  en parte porque algunos recuerdan que fue uno de los arquitectos de la crisis:  como Secretario del Tesoro con el presidente Bill Clinton,  anuló una ley, producto de la gran depresión (es decir, una Ley que había sido creada para contrarrestar la enorme crisis de 1929), diseñada especialmente para mantener separadas la banca de ahorro comercial,  de la banca de inversiones.  El resultado fue la creación de los megabancos  y  la especulación salvaje,  que  trajeron  la  crisis  financiera.

Esta crisis financiera ha sido,  sin duda,  el mayor fraude de la historia,  en el cual las mentiras,  los engaños  y  las manipulaciones ilegales  han sido ampliamente documentadas.  Ni un solo ejecutivo  o  banquero,  responsables de generar esa crisis,  destruir 8 millones de empleos,  dejar a millones de familias sin vivienda,  incrementar la pobreza  y  más,  ha sido acusado ni sancionad formalmente.  Ni uno sólo está en la cárcel.  Al contrario,  ríen  y  gozan de los saldos de sus hazañas.  Nunca han estado mejor. Preguntan,  y  con toda razón:  ¿ quién dice que no funciona este sistema ?   (si funciona,  y  con creces, para ellos…)

Stiglitz,  en un discurso reciente ante la central obrera AFL-CIO, recordó que  “esta desigualdad no es inevitable…  No es el resultado de las leyes de la naturaleza  ni de las leyes económicas. Más bien,  es algo que creamos,  con nuestras políticas,  con lo que hacemos.  Creamos esta desigualdad,  optamos por ella,  con leyes que debilitaron sindicatos,  que erosionaron nuestro salario mínimo a sus niveles más bajos en términos reales desde la década de los 50’,  con leyes que permitieron a ejecutivos en jefe  captar un pedazo más grande del pastel empresarial”  -entre otras cosas-,  mientras cada vez  hay más necesidades básicas que no se atienden…  desde infraestructura hasta educación  y  empleo, afirmó.  Advirtió que  “nuestra democracia está en peligro.  Con la desigualdad económica viene la desigualdad política…  en lugar de un gobierno del pueblo,  nos  estamos  volviendo  un  gobierno  del  1 por ciento”.  Y concluyó  que sólo los trabajadores,  en alianza con los sectores del 99 por ciento,  podrán revertir todo esto  y  recuperar la democracia política  y  económica en este país.
“Nos hemos convertido en el país desarrollado  con el nivel más alto de desigualdad;  con la brecha más amplia entre ricos  y  pobres”,  dice Premio Nobel de Economía,  Joseph  Stiglitz.

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