lunes, 9 de septiembre de 2013

El lucífugo opositor

Opinión - 9 septiembre, 2013 | 12:00 AM

 

Buscando asidero para su vida agonizante y queriendo detener el tiempo de tanto extravío en las selvas amarillas, la oposición camina desterrada hacia las derrotas futuras, donde el llanto será su consuelo desmedido. Precisamente allí, en el más oscuro rincón del espacio político debe consumirse hasta que se apague la luz del último lucífugo y surja una oposición verdaderamente política, partidista, democrática y contendora racional de las luchas políticas. De verdad, ya basta de tanta mediocridad en las filas opositoras, que no responden a ningún lineamiento ideológico, ni a un proyecto serio de gobierno, sino a los caprichos de un grupito de “justicieros”, salidos de los  huertos floridos.
La misma oposición sabe que se ha tenido que calar  a un líder impuesto, eternamente perdedor en todo, inclusive falto de neuronas y hormonas, que da tumbo hacia los lados y le vienen soponcios tras cada derrota. También saben que su lucífugo es corto de ingenio y torpe de palabra, que cuando habla el castellano sufre. Esas cualidades intrínsecas de la personalidad del lucífugo opositor van asociadas a la derrotas pasadas y las que están por venir. Por más maquillajes que le pongan al asunto, el lucífugo opositor no coge ni aliento, que al menos le dé un hálito de dignidad en su rodada. Rueden, rueden eternos perdedores.
La política es muy seria para dejársela a los caprichos de la nostalgia y a los cultivadores de los huertos floridos. Igualmente, los partidos políticos son y deben ser estructuras donde la política se hace voz, se hace idea-propuestas, que luego se enmarcan en un proyecto político, enlazado a su vez con el proyecto nacional de la república. De nada sirve vociferar sapos, centellas y mariposas amarillas como Mauricio Babilonia, cuando ni siquiera son capaces de hacer una propuesta seria al país. Son puros berridos embutidos con humores sulfúreos que solo se quedan encerrados en los espacios opositores, pero que les enloquece el juicio a sus seguidores, que hasta llegan a pensar que el país todo está podrido. La nefasta oposición amarilla dañó la lucha política.
Los grandes desengaños y amarguras en las filas opositoras no son por los apestosos suspiros del cuerpo, que causan vientos de popa y son una ofensa grave para el trato político, sino por las derrotas sufridas a lo largo de la senda marcada por la brisa revolucionaria, que cada vez sopla fuerte para alejar esos malos olores venidos de allá, de las ciénagas opositoras. Vienen más y más derrotas para las fuerzas opositoras.
Precisamente, para aliviar los aires que corren montados sobre la libertad de la patria, el gobierno revolucionario anda por aquí, por allá y por mas allá, defendiendo el legado construido y dejado por el comandante supremo, Hugo Chávez. Mientras el Gobierno anda desplegado por todas partes en permanente misión de Estado, ejecutando las políticas públicas que le corresponden como tal, el PSUV anda haciendo política, tal como debe ser, para buscar mantener la victoria hasta en el noventa por ciento de las alcaldías del país. Ese es nuestro partido que piensa en victoria y así garantizar la operatividad que requiere el gobierno revolucionario de Nicolás Maduro. No como el lucífugo opositor, que solo piensa en chucherías y mariposas amarillas de ojos alucinados, que vuelan girando alrededor del imperio asesino que quiere invadir a Siria.
eduardojm51@yahoo.es
(*) Politólogo

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