martes, 21 de enero de 2014

Fin-de-mundo cadivero

                                        



Venezuela es, probablemente, el único país del mundo que le paga a sus ciudadanos por viajar.  Y no es que sea ésta una política de estado planificada, sino que nunca faltan los que están dispuestos a cagarse en el nido,  convencidos de que  ‘se la están comiendo’…

Conozco a muchos,  muchísimos tristemente,  que sin un ápice de conciencia  y  con aires de  ‘yo sí soy inteligente’,  le dan la vuelta a las medidas que toma el gobierno para salvaguardar los intereses del país,  y  las convierten en una suerte de  ‘qué suerte tengo yo’,  y  el resto  a  mí  qué  me  importa.

Como la amiga que alardeaba entre aplausos de su audiencia,  que se fue a Houston a hacer un cursito,  y  que con el cupo de CADIVI el negocio le salió redondo:  “Imagínate,  pagué el curso,  pasé una semana rica en los Estados Unidos,  raspé las tarjetas,  compré cositas bellas,  regresé  y  vendí el resto de los dólares en el mercado paralelo,  y,  al final todo me salió gratis,  ¡ qué risa !”.

¡ Qué risa !,  celebraban todos  y  compartían anécdotas geniales de vacaciones paradisíacas que no les costaron ni un centavo.  “Lo malo es tener que volver a este desastre de país,  destruido por el chavismo.  Yo vengo en el avión con un nudo en el estómago y solo me consuela saber que empieza un nuevo año,  con nuevo cupo Cadivi  y  con nuevas escapaditas.”

Del otro lado de la acera política,  bastante más de lo mismo,  por lo que queda claro que el cadivismo  no discrimina,  que una ganga no se deja pasar así nomás  y  que si la dejas pasar,  eres pendejo,  o peor :  ‘patenelsuelo’…

Hablan de “mis dólares” como si los hubieran producido ellos. Consideran que un privilegio torcido por la trácala es un derecho. Se quejan de la inflación y acusan al gobierno,  mientras otros acusan al especulador,  viendo la paja en el ojo ajeno,  mientras sus cabecitas calculan todo a dólar inflado por su propia ambición,  por  su  propio  cuchillo  en  el  pescuezo.

Todos sueñan con ‘un país distinto’  -de la boca para afuera-,  mientras su estupidez sólo piensa en verde dólar,  y,  a la hora de las chiquitas,  se cagan en el tricolor nacional  a   cambio de baratijas  mayameras.

Sufren con la incertidumbre del fin de la manguangua cadivera.  Ya buscarán otras grietas por dónde colarse,  y ya buscaremos cómo taparlas.  Tarea dura ésta  de luchar contra el egoísmo  y  la estupidez suicida…

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