miércoles, 30 de abril de 2014

¡Ideas a la Hoguera!


No son ni un Reich ni un Huangdi, los responsables de la quema de 15 Universidades en Venezuela.

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A los períodos más cruentos de la historia de la humanidad, más sanguinarios y también más retrógrados, aparentemente extintos, los acaba de superar en pleno siglo XXI, la atroz destrucción sistemática de los centros de conocimiento y educación en la República Bolivariana de Venezuela.
Lo que no deja de sorprender es que estos episodios de la historia estuvieron marcados por una feroz pugna por el poder, que impulsaron líderes y organizaciones políticas o religiosas para dominar en términos de clase, a sectores más frágiles, en pro de su supremacía; sin embargo en Venezuela la historia cambia de manera abrupta y se convierte en un fenómeno incomparable, un fenómeno donde una minoría social, los ricos y sus serviles aliados, no tuvieron más camino, que demostrar su talante perverso, reaccionario y en el peor de los casos, fascista, frente a sus reiteradas derrotas en el campo político y social. Pruebas hay de sobra: un estado revolucionario fortalecido, una mayoría electoral de la Revolución triunfante, reconocimiento en el campo internacional y legitimidad democrática, son elementos que esta minoría neo-fascista, no puede sobrellevar.
A la pintoresca historia del Capítulo VI del Quijote de la Mancha, cuando el cura y el barbero, queman los libros de la biblioteca del Caballero de la triste figura, biblioteca que acusaron de haber secado el cerebro del hidalgo, la superó la novela de Ray Bradbury: Fahrenheit 451, más adelante llevada al cine por François Truffaut, en donde los bomberos ya no apagan incendios sino que queman libros, pues según el Gobierno distópico en esta novela, leer impedía a los ciudadanos ser felices. Pero a estos dos ejemplos de ficción y fantasía, los superó la realidad; y aquí también pruebas hay de sobra, repasemos:
El imperio de Qin Shi Huangdi en el proceso de unificación China, hacía el siglo III a.c., entre otras cosas menos perversas, lo caracterizó una etapa cruel en la que se promovió el asesinato de académicos y pensadores, la quema y confiscación de libros y manuscritos, así como la persecución a las Cien escuelas de pensamiento, una serie de escuelas de filosofía y de filósofos, que preceden la sólida cultura asiática hasta nuestros días.
En el imperio de Teodosio el Grande en Roma a finales del siglo IV d.c, fue la llamada Biblioteca-Hija de Seraphis, un complemento de la Gran Biblioteca de Alejandría, quien sufrió los embates de los conflictos político – religiosos de la época. En medio del inicio de una feroz guerra entre páganos, cristianos y judíos, fue ésta Biblioteca Hija saqueada y destruida alrededor del año 391 d.c, cuando el emperador ordena la destrucción de los templos paganos de la ciudad de los Ptolomeos. Cientos de manuscritos, pergaminos de papiro y libros sobre teorías y avances en las ciencias matemáticas, astronómicas, físicas, geométricas y medicinales de los romanos, fueron quemados o desaparecidos.
Bajo el período oscurantista de la edad media comprendido entre los siglos IV y XV, se desplegó la persecución de la Inquisición de la iglesia católica. Esta institución fue establecida en 1184 mediante la bula del papa Lucio III, con lo cual se instaba a los obispos a extirpar la herejía, concediéndoles la autoridad de condena contra los llamados herejes, estos últimos caracterizados por ser disidentes de algunas doctrinas de la Iglesia, que otrora eran castigados con la ex-comunión, más adelante con la tortura y posteriormente con la persecución y eliminación total de todo vestigio literario, teórico, artístico, científico o académico que representara pensamiento contrario a los católicos.
La quema de los Códices o manuscritos Mayas, por el proceso de conquista y genocidio español en México, especialmente por parte del sacerdote Diego de Landa en la localidad de Maní (Yucatán), ha sido otro episodio brutal de la historia en contra del conocimiento universal. De Landa alrededor de 1562, en un acto llamado auto de fe de Maní, hizo quemar cinco mil ídolos y 27 Códices de los antiguos Mayas. Los Códices fueron libros y manuscritos de investigación muy amplios e importantes para la cultura Maya; grandes avances arquitectónicos, astronómicos, matemáticos, y el sistema de escritura pictográfica fueron destruidos en este lamentable episodio de la historia.
Entre los años 1933 y 1938 ocurrieron en la Alemania Nazi, dos eventos de los más escalofriantes de la historiografía contra el pensamiento plural. Joseph Goebbels Ministro de Propaganda del III Reich dirigiendo a la Nationalsozialistoischer Deutscher Studentenbund (Asociación de Estudiantes Alemanes Nacionalsocialistas), emprendió una campaña denominada “Aktion wider den undeutschen Geist” (Acción contra el espíritu anti alemán) en la que se inició el saqueo de librerías, bibliotecas universitarias y centros educativos. Fue el 10 de Mayo de 1933 en la Plaza Opernplatz, donde se realizó la quema de todos los miles de libros y textos saqueados, generando una reacción en cadena similar, en 21 universidades alemanas. Además de esto, durante el 9 y 10 de noviembre de 1938, fue cuando ocurrió la tristemente célebre Noche de los cristales rotos, una serie de ataques atroces contra propiedades, escuelas, bibliotecas, hospitales y sinagogas del pueblo judío; demoliéndolas con mazos, piedras, fuego y armas.
Una vez derrocado el gobierno del Presidente Salvador Allende por parte del General dictador Augusto Pinochet, en Chile, a mediados de septiembre de 1973, se sentenció al país a un estado de sitio que propició terribles agendas de control militar, político y hasta cultural. En su proclama inicial, la Junta Militar golpista se declara antimarxista, con lo cual se procede a perseguir, asediar, destruir y desaparecer todo lo que sobre estos y otros temas, existiese. Fue el propio 12 de septiembre, a un día del inicio del golpe, que se ordena la destrucción de todos los diarios, revistas, libros, bibliotecas o símbolos que relacionados al pensamiento crítico universal. Ese mismo día en Santiago de Chile, la editorial Quimantú, principal centro editorial masivo creado por el gobierno allendista, fue saqueada y a continuación quemados todos los ejemplares de textos literarios, periodísticos y políticos almacenados en su sede, frente a los ojos de los presentes y frente a los lentes de la televisión y medios, aupados por el régimen. De esta misma forma el 23 de Septiembre, fue atacado el conjunto residencial "Remodelación San Borja", edificaciones donde se encontraron miles de libros, textos y documentos que fueron quemados por los militares, formando una hoguera que tardó en aplacarse alrededor de 14 horas.
Durante el año 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo del Ejército Argentino con sede en Córdoba, a cargo del proceso de reorganización Nacional, luego del golpe de Estado donde se estableció la junta militar liderada por el teniente Gral. Jorge Videla, se ordenó una quema masiva de libros, argumentando para entonces que: "De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina". Agregaron que lo hacía a fin de que no quedara ninguna parte de estos libros, folletos y revistas, para que con este material no se siguiera engañando a sus hijos. (Diario La Opinión, 30 de abril de 1976).
Durante el año 1991, en conflicto bélico promovido por Bush padre, fue destruida la Universidad de Mustansyria, fundada en el siglo XIII, una de las universidades más antiguas del mundo. Pero fue a mediados del año 2003, que la humanidad vivió una de las muestras más infames de intolerancia: la destrucción de los principales centros culturales de Irak; una de las regiones con más historia y antigüedad en el planeta. Fue el día 13 de abril de éste año, tras la toma de Bagdad por el ejército de Estados Unidos que una multitud reaccionaria junto al ejército invasor, regó con combustible el Museo Nacional de Bagdad y le prendió fuego. Entre los tesoros de este Museo estaba la más importante colección de antigüedades mesopotámicas del mundo. Pero sin ser suficiente, en el mismo ataque fue destruido el Archivo Nacional de Irak, desapareciendo con él diez millones de documentos de indescifrable valor. Se estima también que alrededor de 200.000 es el número de objetos de arte e interés arqueológico, definitivamente perdidos. Otro hecho macabro fue el bibliocausto y memoricidio tras la quema de la Biblioteca Nacional de Bagdad, acabando con los manuscritos que instituían fuentes auténticas relacionadas con la tradición judía, islámica y cristiana. 
La Biblioteca de La Academia de Ciencias de Egipto, fue otra víctima del culturicidio promovido por las guerras. En el año 2011, el 18 de diciembre específicamente, se propició el incendio del edificio de la Academia de Ciencias que albergaba más de 190.000 materiales documentales desde el siglo XVIII. El 90% de los libros que sustentaban las fuentes del siglo XIX también se convirtieron en cenizas.
Todas estas referencias historiográficas, aún a pesar de algunas imprecisiones de rigor, representan la fuente manifiesta del horror sistemático al que son sometidos los pueblos del mundo, tras el oprobio imperialista, el fascismo, las guerras de invasión, la hegemonía del Capital, y junto a ello la promoción del racismo, chovinismo, etnicismo, odio, fanatismo, el miedo y los impulsos sangrientos de la historia de dominación mundial.
Como contraparte a estos lamentables hechos, el proceso revolucionario venezolano se destaca por la promoción educativa, cultural y artística; fomentando el cultivo del conocimiento, las ciencias y la tecnología, donde tan sólo en el año 2010 fueron fundadas 9 Universidades, completando un total de 60 en todo el país, entre autónomas, experimentales y privadas. Un proceso que ha sido reconocido por la UNESCO (en 2014) por ocupar el segundo lugar entre los países de América Latina y el Caribe y el quinto en el mundo, con el 83% de matriculación, la mayor tasa de ingreso de estudiantes universitarios en la región.
Es consternante entonces que reaparezcan fenómenos fascistas depuestos por la historia: la quema ruin de 15 universidades es la prueba, y minúsculos pero perversos criminales de oposición, los culpables. Al respecto el Presidente Nicolás Maduro declaró en una marcha estudiantil en rechazó al fascismo, realizada en marzo del presente año: "No estamos exagerando, no sólo quemaron la UNEFA (Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada) en Táchira, han quemado 15 universidades en el país y hoy lo denuncio ante el mundo”. 
¿Cómo se puede denominar a estos hechos? ¿Qué consecuencia tendrán para la histórica contemporánea de la humanidad? Debe quedar claro que no se trata de juntas militares, ni guerras de invasión, tampoco de fundamentalismo religioso, tiene muy poco de dictaduras autocráticas y mucho menos se trata del poderío de un Reich o un Huangdi, se trata de la demencia de una minoría social, auspiciada por incógnitos empresarios, políticos de la región, y organizaciones paramilitares que frente a la desesperación por las derrotas, arremeten como fieras heridas.
¿Y cómo se le pondrá freno a esto? Quizás dejando de pretender que llamándoles a diálogo, invitándoles a conciliar, y ofreciéndoles suculentas rebanadas económicas, ellos se harán más dóciles o menos siniestros. Quizás también comprendiendo que la única forma de detener su vehemencia fascista, sea de una vez por todas, profundizando el Socialismo, consolidando el tan aludido Golpe de Timón y aprovechando esta crisis política para radicalizar. Frente al fascismo sólo hay una respuesta: El Socialismo.
Fuentes:

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