domingo, 10 de junio de 2012

Lo que no dicen




                       Roberto Hernández Montoya


 Los medios europeos dan la impresión de que «la crisis» es un terremoto,  una inundación,  un maremoto,  un huracán que cayó del cielo y del que nadie tiene que asumir responsabilidad alguna. (Por cierto, ¿ha habido épocas sin crisis? Es por una duda que tengo…)

El banco Bankia, en España, buscó irresponsablemente unas hipotecas «tóxicas», es decir, endeudó a una cantidad de incautos, y presionó al Estado mediante sobornos  y/o  chantajes  y,  como era de esperarse,  quebró.  

El Estado lo expropia,  pero tiene que pagar 19 mil millones de euros a sus dueños.  Es decir, premiarlos por ser aviesos y alevosos en abultar a la bruta,  una cartera de créditos para inflar su valor en bolsa, hasta que se pinchó la burbuja inmobiliaria. O sea, malcriarlos para recompensar su pésima conducta.

Los venezolanos tenemos ante eso una sensación de  déjà vu  de los años 80’ y 90’,  esos veinte años de nuestro descontento,  para parafrasear a Shakespeare.  Los expertos economistas  desfilaban por los medios dictando sentencia de cómo éramos culpables de la debacle bancaria,  por ejemplo.  Solo faltó que nos dijesen de qué íbamos a ser responsables al año siguiente.  De vivir por encima de nuestros medios, de ser manirrotos, de ser consumistas, etc.  Es decir,  de ser como supublicidad nos inducía a ser.

Programas sobre economía en los que Pedro Palma y tantas mentes insignes, nos daban lecciones de cómo había que mimar a la burguesía para que magnánimamente invirtiera, y el ‘trickle down economics’ (http://j.mp/LyUqJU, in English, sorry) dejara salpicar hacia abajo migajas de riqueza para hacer felices a chicos y grandes.

“Crecería la economía, habría más centros comerciales donde comprar baratijas carísimas y,  en fin,  seríamos felices,  como en Miami,  la Meca de cuanto forajido y bandolera hay en este lado de la galaxia…

Eso vemos en los medios europeos y gringos en estos días.  Elaboran las peroratas más rebuscadas para que la señora Christine Lagarde nos explique, cómo los griegos son unos facinerosos.  Cómo los jóvenes españoles entre botellón y botellón (http://j.mp/NkTn6y) están despilfarrando los dineros de la banca. Esa manía de enfermarse,  estudiar,  tener vivienda, etc.  ¡Qué fastidio!  Tenemos que quitarles todo eso para pagar los 19 mil millones de Bankia… con su torre inclinada de Madrid,  no de Pisa.

Aquí hacemos lo contrario con los bancos rufianes: auxiliamos el ahorro, no el capital.  El capital quita;  no  da.

Pero no fue esa la felicidad que nos prodigaron los neoliberales, ¿verdad, Teo? Tenemos felicidad con todo lo contrario.  Porque, al revés de Grecia, España, Portugal, Italia, Irlanda, etc.,  no estamos bajando ni quitando pensiones sino subiéndolas y otorgándolas a quienes no las tenían;  no estamos sacando a nadie de su casa sino dando viviendas, a veces gratis;  no estamos reduciendo gastos de salud sino aumentándolos;  no estamos reduciendo la educación, sino que hace poco regalamos la minilaptop ‘Canaimita’ N° 1.600.000.  Escribe Earle Herrera:  ¿Imaginas la dicha definitiva de recibir una computadora en la infancia?  Uno se alegraba con los Prismacolor, el olor de los cuadernos nuevos y el sacapuntas de globito terráqueo…

¿Será por eso que somos tan felices?

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