lunes, 11 de agosto de 2014

Me chocan los chinos, o sea…

O sea, uno no tiene en quién confiar: años y años Maria Corina diciéndonos que aquí nos gobernaban desde La Habana, y uno con ese terror y esa rabia, o sea, porque esos cubanos malvados nos estaban dirigiendo la vida y directo al abismo castro comunista, pero no, o sea…
Y nosotros fúricos con Cuba y los verdaderos malucos los teníamos en nuestras narices, ahí, donde tantas veces buscamos el almuerzo del domingo, para llevar, of course… Ahí, donde uno iba tan tranquilo y pedía arroz, chop suey, pollo agridulce y lumpias… Los malos, amiguis, ¡eran los chinos!
Ya algo intuía porque desde hace tiempo, cuando quiero comer chino el cuerpo me grita sushi, que parece chino pero es japonés, o sea, que la naturaleza es sabia, además que no me van a comparar un California roll con una lumpia, o sea… Pero el cuento no es el sushi, el cuento son los chinos que, o sea, se han apoderado de nuestro país mientras nosotros marchábamos con consignas equivocadísimas como aquella tan melodiosa que decía “Y no, y no, y no me da la gana, de una dictadura como la cubana.” Nosotros marchando y los chinos muertos de la risa, aunque la verdad es que el único chino muerto de risa que he visto en mi vida es ese gordito de porcelana que tienen en esos restaurantes que juro no volver a pisar, y que si uno le soba la barriga y que da suerte, o sea, pero será suerte para los chinos, porque nosotros estamos empavados como si todos los días fueran friday 13th, o sea, viernes 13.
Y así fue como amanecimos colonizados por el imperio chino. Vinieron la semana pasada y compraron hasta La Torre de David, o sea, donde un montón de chavistas que vivían ahí fueron sacados por el mismo gobierno por el que ellos dicen que votaron, aunque todos sabemos que nadie votó por este gobierno, o sea, pero los sacaron, según, para llevarlos a unas viviendas dignas; pero sabiendo que los chinos están de por medio, o sea, yo temo por esas personas, o sea, aunque no temo mucho, no vaya a ser que me los quieran mudar para mi urbanización.
Así que me chocan los chinos, o sea, por apoderarse de mi pobre país, o sea, y por algo peor: esos chinos hurriblis comen perritos, o sea que ¿se acuerdan de “se van a llevar a los niños a Cuba? O sea, no. ¡Ahora se llevarán a nuestras peludas mascotas a China! A Fluffy, o sea, ¡S.O.S!

Ki$$e$,
Kiki Aranguren

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